Hace tan sólo tres meses en la cultura profesional de nuestro país, eran pocas las empresas que tenían el teletrabajo integrado en sus rutinas diarias, y se utilizaba más en ocasiones puntuales para facilitar la conciliación laboral en circunstancias concretas. Es verdad que el crecimiento exponencial de start-ups y de los centros de trabajo compartido estaba llevando a una flexibilización en este sentido, si bien era impensable imaginar que en tan sólo unos meses íbamos a pasar de un porcentaje del 4,8% de empleados trabajando en remoto, al actual 50% de las personas ocupadas en España que están teletrabajando.

El mundo entero se ha visto obligado a causa de la pandemia del Covid-19 a encontrar alternativas que permitieran compatibilizar el necesario confinamiento con el mantenimiento de la actividad laboral, en aquellos sectores en los que era posible, y el teletrabajo ha supuesto la salvación para muchas empresas y la mejor garantía para poder seguir ofreciendo servicios. De hecho los devastadores efectos económicos de la pandemia hace tan sólo dos décadas hubieran sido mucho peores y hubieran obligado al cierre de empresas que hoy en día han podido continuar y salvar sus negocios gracias al trabajo a distancia. Entre las empresas que han podido operar en remoto hay claras diferencias, entre aquellas que ya habían optado por una transformación digital antes del mes de marzo de 2020 y las que se vieron obligadas a implementar de manera urgente y con total improvisación un nuevo sistema de trabajo.

A continuación destacamos 5 de las diferencias entre aquellas empresas que ya trabajaban en la nube, y las que no llegaron a tiempo:

1.- Con la centralita en la nube no se produce ningún cambio estructural en el flujo de llamadas entrantes. Es por tanto indetectable para el cliente si el servicio se ofrece en remoto o presencial, la calidad de la atención es exactamente la misma.

2.–  Se pueden efectuar modificaciones de la gestión de los flujos de llamadas en tiempo real para actuar rápidamente en función de las circunstancias. Por ejemplo en el momento de la desescalada, esta opción ha permitido una interacción transparente entre equipos presenciales y en remoto.

3.- Estadísticas y monitorización en tiempo real. Subir las comunicaciones a la nube permite a las empresas contar con datos fiables en tiempo real con la información más completa sobre las llamadas entrantes y salientes, para poder acelerar la toma de decisiones en unos momentos en los que la agilidad, más que nunca, marca la diferencia.

4.- Transferencia de llamadas a los puestos de trabajo. Se pueden transferir las llamadas a todos los miembros del equipo que están teletrabajando, sin tener que facilitar números alternativos de móvil para poder contactar con ellos, asimismo existen herramientas de presencia para mantener informado a todo el equipo acerca de la disponibilidad de cada empleado independientemente de su ubicación.

5.- Mayor seguridad en la conexión. Tener las comunicaciones en la nube garantiza que la seguridad de la conexión no se basa en el sistema particular de cada miembro del equipo en su propio domicilio, si no que es el mismo proveedor de la solución en la nube quién garantiza la capa de seguridad, donde él es experto, y por tanto la información está en un entorno seguro al 100%.

En definitiva, todas las empresas que se han subido a la nube antes del 14 de marzo de 2020 no sólo están protegiendo a sus empleados, si no que también les han facilitado al máximo el desarrollo de su trabajo en remoto al haberles proporcionado las mejores herramientas posibles para continuar con el desempeño de sus tareas con la misma calidad y eficacia, desde cualquier ubicación y desde cualquier dispositivo móvil. Proteger al equipo manteniendo la excelencia en el servicio.